jueves, 13 de agosto de 2009

WYNWOOD THE ART MAGAZINEDiscontinuos-CCR-Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, Argentina, February 12 - March 8, 2009
By Maria Carolina Baulo


Discontinuity appears in every moment of our lives. Our daily activities, even when following certain mechanical rituals, hold an intimate relation to the discontinuous: we always develop tasks that could last for a few minutes and then become discontinued within the course of our day.

Something quite similar happens with art. An artwork could be part of a conscious - or not - search for the artist’s goal; it could become part of a series or it could be relegated to ostracism. A piece could be dismissed because there’s no empathy with the other works; it could be a rehearsal, a simple sketch of the way to achieve a desirable final result. Nevertheless, those pentimenti hold the essence of that artistic search; they represent what the artist tried to capture and understand, and they are witnesses to this vital activity. They also highlight what lies beneath, the hidden, the unseen; discontinuity materializes in those pieces as evidence of those things the artist “did not want to do.”

“Discontinuous” gathered a group of talented artists with solid careers, who decided to show their discontinuous works: the black sheep of their productions, works that guided the artists, quiet interpellants placed in the lonely, dark spots of their ateliers. Maggie De Koenisgberg, Dany Barreto, Juan Batalla, Carlos Bissolino, Marcelo Bordese, Pablo da Monte, Dulio Pierri, Eduardo Stupia presented pieces that, for some intimate reasons, remained forgotten and dislocated from their original series, but never from the artist’s memory. Organized by the curator Mindy Lahitte, the exhibition presented mixed techniques, drawings on paper, photographs, acrylics, oils on canvas and sculptures. Artists with different perspectives, visions and approaches shared the experience of having a vast production that included several discontinuous works. They aren’t second-hand works; they show the true imprint of emotions, pieces silenced and rejected (but not literally). At “Discontinuous,” they had the chance to be in the spotlight, to shine as traces of a fragmentary reality, all of them bound by the solidarity of being part of the “excluded.” It was amazing to discover how those applications could represent fantastic flashes of creativity, which even the artists themselves couldn’t recognize then. Artworks have a life of their own far beyond artists’ intentions; that is why, like swans, the pieces at “Discontinuous” allowed their own creators to rediscover them and finally find out they aren’t and never were, ugly ducklings.
Dany Barreto. Serie: Paraguayan Dream, 2008. Photography. Direct take. 23.6”x31.5”. Courtesy of the artist.


Maria Carolina Baulo: Art writer based in Argentina. She is specialized in Art History, with studies in Cinematography, Photography and Theatre. macabaulo@hotmail.com

miércoles, 12 de agosto de 2009

ARTE AL DÍA
marzo 2008

DISCONTINUOS
Una original propuesta en el Centro Cultural Recoleta
Esta muestra permite ver obras de reconocidos artistas como Maggie de Koenigsberg, Dany Barreto, Juan Batalla, Carlos Bissolino, Marcelo Bordese, Pablo de Monte, Duilio Pierri y Eduardo Stupia que por alguna razón no fueron expuestas al público antes
“No me representa”, “Me parece muy conflictiva”, “Son cinco obras y sólo cuatro me gustan”, “Están en el terreno de lo privado”. Éstas son sólo algunas de las razones por las que un grupo de artistas hoy reunidos en una muestra en la sala 6 del Centro Cultural Recoleta mantuvieron ocultas ciertas obras que hoy se exhiben en conjunto, rescatadas de una suerte de exilio propiciado por sus propios progenitores, las curadurías tradicionales, la crítica o el mercado.
“La idea de este proyecto surge durante inauguraciones, en el momento del reencuentro entre colegas amigos
En varias ocasiones se retomó la misma conversación hasta que se decidió formalizar una reunión para analizar específicamente como operaba el concepto de “discontinuidad” alrededor de los trabajos de cada uno”, comenta la curadora Mindy Lahitte.
A partir de ese proceso, los artistas Maggie de Koenigsberg, Dany Barreto, Juan Batalla, Carlos Bissolino, Marcelo Bordese, Pablo de Monte, Duilio Pierri y Eduardo Stupia, “dotados de una trayectoria de taller y con una determinada edad artística”, tras realizar una tarea de “arqueología privada” se reencontraron con ciertos ejemplares de su producción artística que por algún motivo habían quedado arrumbados en sus lugares de trabajo.
Se trata de trabajos que “ocupan un lugar en el taller y en la memoria de sus autores”, explica la curadora, “y a partir del reencuentro con esas obras, tras el ejercicio de desempolvarlas, sucedió que los primeros pensamientos al abordar el discontinuo, poco tenía que ver con lo que sentían ahora que volvían a mirarlas bajo la lupa de la distancia”.
Más allá de las reflexiones que provocaron en los artistas, y recobradas del aislamiento, las obras expuestas, con el aliciente de que fueron “discontinuadas”, provocan un doble juego en el espectador: por un lado, el acto espontáneo de interpretar la obra que se mira por primera vez, y por otro, el de descubrir por qué razón fue dejada de lado, adentrándose en la biografía de cada trabajo o serie en exposición.
En este contexto, la peculiar y curiosa pieza titulada Sonidos de Carlos Bissolino, se aparta completamente de las visiones de paisajes imaginarios recientes que el espectador puede asociar con el artista. “Mi producción aún bajo la forma de realizar series genera discontinuos: obras que se alejan del cuerpo de obras y permanecen en su autonomía”, explica el artista en el catálogo de la muestra. Y agrega que “otras veces algunas de estas obras discontinuadas fueron cabeza de serie de proyectos que se extendieron en el tiempo. El discontinuo es un precursor, es mi vanguardia personal”.
Para Maggie de Koenisgsberg, el concepto de discontinuidad se relaciona con la idea de búsqueda y experimentación. Sus obras “son como puentes entre distintas épocas, trabajos que fueron desarrollando ideas, imágenes, formas y pinceladas”. En esta línea, su trabajo Entre orugas y franjas invita a descubrir y adivinar ciertas formas antecesoras de las criaturas que luego habitan sus obras.
Así como en algunos artistas el concepto de discontinuidad aparece ligado a una determinada obra, en el caso de otros, resulta aplicable a toda una serie o un conjunto trabajos.
En el caso de Marcelo Bordese, la serie María de Magdala, elaborada a partir de un antiguo tratado de ginecología, en su momento podía ser fuerte o conflictiva para exhibir, pero hoy resultan una exploración del artista, una especie de metamorfosis en la que el cuerpo es expuesto como materia en imágenes que el visitante puede emparentar sin horrorizarse con el imaginario de directores como Cronenberg o Greenaway.
Vinculados a la experiencia personal con su propio cuerpo, los trabajos de Juan Batalla evocan “la pesadez”. “Frágiles a la vez, se tornaron discontinuos porque al irse desarrollando se revelaron casi como un estorbo en mi taller”, comenta el artista. Sin embargo “en estos trabajos emergen símbolos que son parte de una metafísica propia y que hasta aquí debo rastrear para reconocer su surgimiento”, concluye Batalla.
Profundamente conectadas a su situación personal, las obras que presenta Pablo de Monte son reconocibles por su técnica y lenguaje, como parte de su producción artística. Sin embargo, los tres retratos de grandes dimensiones que evocan a tres enigmáticas figuras femeninas nunca fueron mostrados al público. ¿Son aquellas mujeres con las cuales no se completó el recorrido?, se pregunta el artista. “Las motivaciones de esas interrupciones son difíciles de determinar, no se pueden expresar con palabras. De esta imposibilidad surge la necesidad de concentrarlas en una imagen que me acerque en forma intuitiva al porqué de aquello que no pudo continuar”, explica el artista.
Para Dany Barreto, su participación en esta muestra consiste en exhibir un trabajo que hace con mucha frecuencia: “tomo fotos para libros, para documentación, para inspiración de otras obras, para mostrarlas en Internet, pero pocas veces para una sala de exposición. Mi discontinuidad es la forma intermitente de mostrar este trabajo en comparación con lo que exhibo como mi producción artística.
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Mas info
Hasta el 8 de marzo
Centro Cultural Recoleta – Sala 6
Junín 1930 – Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Lunes a viernes de 14 a 21 hs.
Sábados, domingos y feriados, de 10 a 21
TODAVÍA REVISTA - edición número 20
diciembre 2008

Artista invitado:Dany Barreto (ver galeria de imagen)
Texto: de Eloísa Martin, doctora en antropología.


http://www.revistatodavia.com.ar/todavia21/20.sociedades.html
Ñ REVISTA - Clarin
11.04.2008 | ARTE
Por: Guido Carelli Lynch

El arte contemporáneo y la antropología posan sus ojos en las creencias afrobrasileñas
17:20 | El último martes en el Centro C. Rojas tuvo lugar la primera fase de Dueños de la encrucijada, un proyecto integral dedicado al análisis artístico y antropológico de los ritos religiosos afrobrasileños, que cada vez ganan más adeptos en las dos orillas del Río de la Plata. Incluye un libro, dos presentaciones y una muestra en Montevideo y Buenos Aires.
"El proyecto sirve para desasnar un poco a la gente y romper la hipocresía, porque los que van a consultar a los templos son católicos. Vienen artistas camuflados, que van con pañuelos y dejan los autos lejos a cinco cuadras. Yo he recibido a presidentes y ministros, muy adeptos a las ciencias ocultas. No, este Presidente, no, López Rega, tampoco, pero él sí participó en un templo de Porto Alegre". El que habla y se define como "una entidad de bien público" es Jesús Alberto Tata, más conocido como el Pai Alberto Miguel de Oxalá, líder espiritual del templo Kimbanda de Caseros.

Su camisa turquesa brilla más que algunos de sus anillos dorados, pero no disimula el orgullo que le provoca que su altar a Pompa Gira ilustre la tapa de Dueños de la Encrucijada. Estéticas de Exú y Pompa Gira en el Río de la Plata.

Los responsables del proyecto, Juan Batalla y Dany Barreto son fotógrafos y artistas contemporáneos que, a través de la colección Arte Brujo, posaron sus ojos sobre un fenómeno invisibilizado, pero imposible de negar: el culto a dos deidades ancestrales que llegaron a América con los esclavos africanos y que desde mediados de la década del 60 fueron reintroducidas en el Río de la Plata vía Brasil.

El proyecto que buscaba retratar la vinculación entre arte contemporáneo y ritual creció cuando Batalla le presentó su idea a Máximo Jacoby, director de Artes Visuales del Centro C. Rojas. El funcionario y curador aceptó coproducir Dueños de la Encrucijada, junto al Museo Juan M. Blanes de Montevideo, si se le permitía sumar a otros profesionales al emprendimiento.

Así, entre otros, se sumó el equipo de investigación liderado por el etnógrafo y antropólogo Alejandro Frigerio, un especialista en la materia. "La Kimbanda me encanta, porque es una celebración de la vida maravillosa. El libro da cuenta de eso y de cómo la experiencia religiosa y artística están relacionadas. El arte religioso es para los sectores medios y medios bajos la forma de acceder al arte. Uno va a cualquier templo y se sorprende haciendo apreciaciones estéticas, juzgando si el altar está bien decorado, si es lindo...La apreciación estética es muy importante, porque todo está hecho para agradar a los dioses. En la Kimbanda lo bueno, lo bello y lo correcto están entrelazados", explicó Frigerio durante la presentación del libro.

Además, se sumaron el fotógrafo argentino radicado en Boston Guillermo Srodek Hart, la profesora en letras de la UBA Amalia Sato, el sociólogo brasileño Reginaldo Prandi y los sacerdotes africanistas uruguayos Milton Acosta y Susana Andrade.

"Dueños de la encrucijada es una forma de empezar a tomar las creencias afroamericanas como parte del patrimonio cultural de la humanidad. Es muy fácil tomar esa actitud con las hindúes, la tibetana, pero por alguna razón las africanas son siempre dejadas de lado", subraya Frigerio.


Exú y Pompa Gira

La Kimbanda, desprendimiento o "la izquierda" de la Umbanda, rinde particular culto a dos deidades ancestrales pero corruptas y antes peligrosas como Exú y su homóloga femenina Pompa Gira. Sin embargo, el sincretismo con la religión católica, el culto a los santos y –en menor medida- a los rituales de los indígenas brasileños terminó por convertir y "domesticar" a ambos espíritus.

"Exú es nuevo para el Río de la Plata. Tiene más contacto con el hombre en el plano terrenal. Es el elegbé, que en yoruba quiere decir el amigo, el compañero, el que siempre te acompaña", explica Guillermo Zabaleta, artista visual uruguayo y fiel activco de la Kimbanda, que participó del proyecto y viajó especialmente a Buenos Aires para realizar su performance "Elegbé" dentro de la primera fase de Dueños.

Pompa Gira, es su análoga femenina, un espíritu que en vida fue prostituta, o debió afrontar un derrotero muy lejano a la vida sancta de las mujeres cristianas. Exú y Pompa Gira entienden lo difícil que es la vida terrenal y están dispuestos a interceder por los fieles, siempre y cuando, claro haya un regalo para ellos.

El sonido del tambor es una llamada a los espíritus ancestrales mucho más festiva que las invocaciones de otras creencias. "Más que una ceremonia católica parece un espectáculo. Una vez un Pai nos dijo que tenía que dar un muy buen espectáculo para sus devotos. Era muy teatral, pero era consciente de que el vestuario, la luz y el teatro tenían que coordinarse", recuerda el fotógrafo Barreto.

Ángela López Ruiz es otra artista contemporánea uruguaya que participó de esta presentación verdaderamente multimedia con su videoperformance. Esta Mai de santo, que además es miembro activo de la prestigiosa Fundación de Arte Contemporáneo (FAC) de Uruguay, busca comunicar "la enseñanza" que experimenta en cada trance, razón por la que diferencia su estética y la finalidad de sus obras con las del arte sacro de los cristianos.

Tanto es el material reunido, los artistas y los profesionales que confluyeron en Dueños de la Encrucijada, que todavía resta una presentación en la Fundación Centro de Estudios Brasileiros (FUNCEB) y una muestra de fotografías en el Centro Cultural Recoleta, en octubre, y una similar, un mes después, en el Museo Juan M . Blanes, en Montevideo.

Para Jacoby, la idea de Barreto y Batalla es un testimonio de los caminos sinuosos, pero más comprometidos y sociales que empieza a desandar las artes visuales en la actualidad. "El arte contemporáneo en el siglo XX sólo reflexionó sobre su propia ontología, ensanchó sus límites, pero mirando siempre su ombligo. Este proyecto encontró la manera de reflexionar sobre cuestiones sociales, sobre movidas que están sucediendo ahora, acá, a 20 kilómetros y ayudan al medio del arte y al público específico y ajeno de estas religiones a comprenderlas mejor", termina. Pero Dueños de la encrucijada recién acaba de dar su primer paso.

http://www.clarin.com/notas/2008/04/11/01648932.html
QUILOMBO! cultura
abril 2008 - número34 - buenos aires

Artes visuales
Dueños de la Encrucijada


Este libro, recientemente editado, es un proyecto integral dedicado al análisis artístico, antropológico y poético sobre un fenómeno religioso africanista en el Río de la Plata: el culto a Exú y Pomba Gira. Se presentara el 8 y 17 de abril en el Centro cultural Rojas y en la Fundación de Estudios Brasileros respectivamente. Para octubre esta prevista una muestra de artes visuales siguiendo un desarrollo conceptual sobre la estéticas de este culto africanista.

Dueños de la encrucijada es una edición de 148 páginas a cargo de Editorial Arte Brujo. Contiene ensayos de Alejandro Frigerio, Milton Acosta, Juan Batalla, Reginaldo Prandi, Amalia Sato y de Susana Andrade. También fotografías de Guillermo Srodek Hart e imágenes de obras de artistas contemporáneos de Uruguay y Argentina (Anabel Vanoni, Ángela López Ruiz, Guillermo Zabaleta, León Ferrari, Diego Perrotta, Nora Correas, Melina Scumburdis, Marcelo Bordese, Nico Sara, Gustavo Tabares, Margaret Whyte).

La edición contiene diversas aproximaciones visuales y literarias que indagan en la riqueza de una realidad cultural incomprendida y provocadora. Y que, en medio del desconocimiento, florece a la vuelta de la casa de cada uno; en los suburbios y en el centro de las ciudades.

Se propone evidenciar similitudes y continuidades culturales entre Buenos Aires y Montevideo a través de la puesta en escena de un fenómeno poco reconocido. Los cultos africanistas florecen a ambas orillas del Río de la Plata. En verdad, existe en este campo de la cultura una identidad en común muy marcada entre Argentina y Uruguay, abonada por constantes intercambios, viajes e influencias entre sí de religiosos.



Exú y Pomba Gira son Entidades espirituales que integran el complejo panteón religioso africanista. En esta edición, se traza un deliberado recorte para observar la riqueza y personalidad que emana de su culto. El de Exú es un registro transgresor, que da inicio y dinamiza todo ciclo; es la masculinidad misma. En tanto que Pomba Gira es Exú en su polaridad femenina.

Exú, uno de los Orixás o dioses llegado a América con los esclavos negros, fue alterando su identidad hasta que, merced a cierta hipertrofia o crecimiento desmedido de una parte del organismo ritual, terminó por generar un culto aparte llamado Kimbanda. Esta es la celebración espiritista de Exú y Pomba Gira, un rito que se expande día a día y constituye un fenómeno distintivo que abarca particularmente al sur de Brasil, Argentina y Uruguay. Fenómeno en movimiento, la Kimbanda es un work in progress, la fundación de una teología contemporánea.

Y si los demás dioses encontraron su identificación en figuras católicas como santos, vírgenes y hasta Jesús, dentro de un fenómeno conocido como sincretismo el papel que les tocó a Exú y a Pomba Gira no fue otro que el de diablos. Un detalle más que forma parte del mito y agrega a las estéticas de una cosmovisión en la que el bien y el mal son caras de la misma moneda.

Dos de sus autores, Dany Barreto y Juan Batalla, sostienen que “Nos interesa aquella veta del arte contemporáneo sobre la que se asienta el trabajo de algunos artistas que guardan relación con ritualidades ancestrales. Como también aquel producido a través del rito para arribar a resultados artísticos. Ambos caminos confluyen en arte complejo. La multisensorialidad de una ceremonia religiosa o un altar anticipa las búsquedas de personas que echan mano a lenguajes artísticos diversos para plasmar el espíritu de sus experiencias o bagajes rituales; un camino que lleva la experimentación más allá de la mirada irónica o folclórica que es frecuente encontrar en referencia a estos asuntos. Dueños de la encrucijada resalta el papel de algunos religiosos africanistas como performers e instalacionistas capaces de generar una maquinaria artística totalizadora. Y de artistas que contrapuntísticamente toman relación con esta temática, para así conformar una perspectiva integradora y distintiva.“



Integran el trabajo de Dueños de la Encrucijada: Alejandro Frigerio (antropólogo), Milton Acosta (sacerdote africanista y autor de libros teológicos), Juan Batalla (artista visual y co-director de la Colección Arte Brujo), Amalia Sato (profesora en letras, investigadora en la sección de Asia y África UBA) , Susana Andrade (sacerdotisa africanista, militante social por los derechos de las minorías, directora de Atabaque, periódico afroumbandista), Reginaldo Prandi (especializado en Sociología de la religión y estudios afrobrasileros).

Guillermo Srodek Hart, Dany Barreto y Alejandro Frigerio completan el panorama fotográfico de la edición. Algunos de los artistas contemporáneos son de Uruguay (Ángela López Ruiz, Guillermo Zabaleta, Gustavo Tabares y Margaret Whyte) y otros de Argentina (Anabel Vanoni, Diego Perrotta, León Ferrari, Melina Scumburdis, Marcelo Bordese, Nora Correas, Nico Sara).

La exhibición se trata de una muestra de artes visuales que sigue un desarrollo conceptual acerca de las estéticas del culto africanista a Exú y Pomba Gira en el Río de la Plata. Está formada por un corpus central de trabajos fotográficos de Guillermo Srodek Hart. Presenta también obras coincidentes con la temática realizadas por artistas visuales de Uruguay y Argentina. Ellos son Ángela López Ruiz, Guillermo Zabaleta, Gustavo Tabares y Margaret Whyte por Uruguay y Anabel Vanoni, Diego Perrotta, Melina Scumburdis, Marcelo Bordese, Nico Sara y Nora Correas de Argentina. Por último, también exhibe algunos objetos rituales y una instalación que reproduce la estética de un característico altar a Exú. La curaduría general pertenece a Juan Batalla, y la producción está a cargo de Arte Brujo y del Centro Cultural Rojas UBA.

Presentación del libro y muestra de artes visuales
La presentación del libro se llevara a cabo el martes 8 de abril, a las 19 hs, en el Centro Cultural Rojas, Av. Corrientes 2038, con entrada gratuita. El jueves 17 de abril a las 19 hs, en la Fundación Centro de Estudios Brasileiros, Esmeralda 965, también con entrada gratuita. En tanto que, la inauguración de la muestra será el martes 7 de octubre, en el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, entrada gratuita.
RADAR - PAGINA12
domingo 6 de abril de 2008

RITOS > POMBAGIRA Y EXU EN EL RIO DE LA PLATA
Rojo y negro
Pombagira y Exú son entidades espirituales que integran el complejo panteón africanista, por lo general malentendidas, desconocidas y consideradas con prejuicio por quienes no son sus fieles. Su culto aparece en muchas encarnaciones: por eso quizá los directores de la colección Arte Brujo decidieron recortar la puesta en escena del fenómeno al Río de la Plata. Así el libro Dueños de la encrucijada recopila imágenes y textos que indagan sobre este rito. Aquí, el sociólogo Reginaldo Prandi explica este culto, su inquietante ritual y sus significados sociales.



Por Reginaldo Prandi
Las pombagiras son espíritus de mujeres, y cada una de ellas tiene su biografía mítica, que puede estar más o menos divulgada entre sus devotos y clientes, en general historias muy fragmentadas. En la configuración mítica de Pombagira nunca faltan sexo, dolor, desventura, infidelidad, transgresión social, crimen.

¿Pero quién es Pombagira?

Antes que nada, Pombagira es un exú, o mejor, un exú mujer, como ella misma gusta de ser llamada. En la concepción umbandista, Exú es un espíritu del mal, un ángel caído, expulsado del cielo, finalmente un demonio y que habita en el infierno y en las encrucijadas. Pero afirmar únicamente eso es simplificar demasiado las cosas.

Hay mucha confusión en torno a las palabras Exú y Pombagira. El propio término “Exú” puede referirse a entidades y divinidades con status religioso diferenciado. Al menos cuatro puntos merecen ser aclarados:

1) El exú de la umbanda es diferente al orixá Exú cultuado en el candomblé, en el batuque y en otras religiones afrobrasileñas tradicionales. En la umbanda se trata del espíritu de un muerto; en el candomblé y en el batuque, un espíritu divinizado, un orixá. Los orixás son divinidades identificadas con elementos de la naturaleza (el mar, el agua de los ríos, el trueno, el arco iris, el fuego, las tempestades, las hojas, etc.) y aspectos de la vida social (justicia, riqueza, amor, vida conyugal, etc.).

2) En el candomblé nagô (yoruba), Exú es el nombre del orixá mensajero entre el mundo de los hombres y el de los orixás. En el candomblé jeje (fon) es llamado Legba o Elegbara. En el batuque es más conocido por el nombre de Bará. En los candomblés congo y angola (bantúes), uno de los nombres de Exú, el orixá mensajero, es Bombogirá (Bambojira), del cual Pombagira es ciertamente una corrupción. Con el tiempo, ese nombre terminó por restringirse a designar la cualidad femenina de exú (típicamente bantú).

3) En América los orixás fueron sincretizados con Jesús, Nuestra Señora y diversos santos católicos. Varias características de Exú propiciaron su sincretismo con el diablo católico: su representación material de forma fálica, su ligación con la sexualidad, la condición de trickster, su supuesta falta de moral.

4) Más adelante, con el surgimiento de la umbanda, Exú pasó a designar a decenas de espíritus de seres humanos que en vida tuvieron una biografía socialmente marginal. La umbanda fortaleció la identificación de los exús con el diablo, mas la propia idea acerca del diablo sufrió cambios importantes en el imaginario umbandista. Los exús pueden ser masculinos o femeninos, y la palabra Pombagira se aplica precisamente en el caso del espíritu de una mujer.

En suma, el candomblé, el batuque y el xangô son religiones de orixás y Exú es su orixá mensajero, pudiendo adoptar otros nombres. La umbanda es religión de caboclos, pretos velhos y otros espíritus, reunidos en falanges comandadas por los orixás, que cuenta también con falanges de exús y pombagiras que no se mezclan con aquellos, y que no son orixás. De todos modos, hoy en día no es difícil encontrar en muchos lugares sacerdotes jefes de terreiros que combinan elementos del candomblé y el batuque con otros de umbanda, haciendo una selección de tal o cual aspecto según siente que mejor lo representa, formándose así una enormidad de variantes religiosas.

Desde el punto de vista moral, las religiones tradicionales afroamericanas no distinguen entre el bien y el mal, en el sentido judeocristiano. Su sistema de moralidad se basa en la relación estricta entre el hombre y el orixá. Esa relación es de carácter propiciatorio y sacrificial. La relación de los hombres entre sí, en el sentido de la formación de una comunidad, en la que el bien del individuo está subordinado al bien colectivo, tiene importancia secundaria. El bien y el mal son caras de la misma moneda.

Por otro lado, la umbanda, que retuvo una fuerte herencia cristiana -kardecista, preservó la noción del bien y del mal como campos antagónicos, pero trató de mantenerlos separados en compatimientos estancos. Así, la umbanda se divide en una línea de “derecha”, dirigida al manejo de las fuerzas del bien y que “trabaja” con entidades “evolucionadas” (caboclos, preto velhos, etc.), y una línea de “izquierda”, también llamada quimbanda, que puede trabajar con fuerzas del “mal”, y cuyas entidades, espiritualmente “atrasadas” (exús y pombagiras) están asociadas al infierno católico. De todos modos, esta división puede ser meramente formal, funcionando como una orientación clasificatoria estrictamente ritual y de poca importancia ética.

Las pombagiras y sus compañeros exús, que forman la quimbanda, o la “izquierda” de la umbanda, son espíritus maleducados, impúdicos, agresivos. Dicen palabrotas y dan carcajadas estrepitosas. Pombagira es el espíritu de una mujer que en vida habría sido una prostituta, mujer de bajos principios morales, capaz de dominar a los hombres mediante sus proezas sexuales, amante del lujo, del dinero y de toda suerte de placeres. Las pombagiras usan trajes escandalosos de color rojo y negro, y una rosa roja en su largo cabello moreno, y exhiben formas de prostituta, ora del burdel más miserable ora de elegantes salones de meretricio, juego y perdición. Puede exhibirse también como una gran dama, fina y esmerada, pero siempre una dama de la noche, una cortesana pecadora. A su vez, los exús son espíritus de bandidos, marginales y otros tipos sociales indeseables. Algunos gustan de presentarse con las manos en garras y los pies transformados en cascos de animales satánicos. Visten una larga capa negra con su interior forrado de rojo, y llevan en la mano un tridente de fierro.

Aunque puedan mostrarse elegantes y amigables, esas entidades nunca son enteramente confiables y siempre acaban por revelarse interesadas. Exús y pombagiras enfatizan su naturaleza diabólica (al menos verbalmente) y ponen empeño en demostrar animosidad y desprecio por quien procura obtener auxilio y protección de parte de ellos. Quien se acostumbra, sabe que se trata de un juego teatral.

Sobre todo entre la población urbana pobre, es común apelar a Pombagira para la solución de problemas relacionados a fracasos y deseos de la vida amorosa y la sexualidad, además de otros innúmeros que aparejan situaciones aflictivas.

Estudiar los cultos de Pombagira nos permite entender algo de las aspiraciones y frustraciones de grandes grupos de la población que están muy distantes de un código de ética y moralidad basado en valores de la tradición occidental cristiana. Pues para Pombagira cualquier deseo puede ser atendido: no hay límites para la fantasía humana. Y lo mismo vale para los exús.

En la división del trabajo entre las entidades de quimbanda, Pombagira se ocupa especialmente de los casos de amor, protege a las mujeres que la procuran, y es capaz de propiciar cualquier tipo de unión amorosa o erótica, hétero u homosexual. Se debe obsequiar a Pombagira con cosas que ella usa en el terreiro cuando es incorporada: tejidos sedosos para sus ropas de colores rojo y negro, perfumes, joyas y bijouterie, champagne y otras bebidas, cigarrillos y boquillas, rosas rojas, además de comidas y animales sacrificiales que acostumbramos ver en los despachos dejados en las encrucijadas, playas y otros espacios, dependiendo del trabajo que se haga, siempre a la luz de velas rojas y negras. Para ser amigo o devoto de Pombagira es preciso tener una causa por la cual ella pueda trabajar, pues es el terreno del hechizo aquel en que se fortalece y gana prestigio. Aunque Pombagira no vive sólo de hechizos, ella no viene únicamente a “trabajar”. En sus fiestas, Pombagira viene a divertirse, danzar y ser apreciada y homenajeada, conforme al patrón del culto a los orixás. Un toque de Pombagira siempre tiene un tono de fiesta y diversión, a pesar del clima generalmente sombrío y de las expresiones de trance, ni siempre de buen gusto, que procuran reproducir estereotipos del bajo mundo.

La idea más generalizada acerca de Pombagira es la de que se trata de una entidad muy parecida a los seres humanos. Como mujer, habría tenido una vida pasada que refleja una de las más difíciles condiciones humanas, la prostitución. Habría sido víctima de su destino, como lo somos todos. Nadie creería que sus malos pasos en la vida hayan sido dados por placer, por desvergüenza, por propia voluntad. Al contrario, el coraje de aceptar su condición de prostituta, de bandida y de encarar la vida de frente fue su mayor virtud. Virtud de grandes cualidades, como aquella de las santas. Pecadora y santa, difícil es saber cómo separar una cualidad de otra. Pues fue justamente la triste condición de su vida terrena la que le permitió el conocimiento y el dominio de una de las más difíciles áreas de la vida de las personas comunes, que es la vida sexual y el relacionamiento humano fuera de los patrones de comportamiento aceptados y recomendados socialmente. Así, se cree que Pombagira está dotada de una experiencia de vida real y muy rica que la mayoría de los mortales jamás conoció, y por eso sus consejos y socorros vienen de alguien que es capaz, antes que nada, de comprender los deseos, fantasías, angustias y desesperos ajenos.

En cuanto las religiones cristianas son consideradas represoras y formadoras de sentimientos de culpa y pecado, la afrobrasileras son con frecuencia vistas como religiones liberadoras de la personalidad –no se cree en el pecado ni en la premiación o punición después de la muerte–. Todo ocurre aquí, en esta vida. La vida es buena y debe ser llevada con placer y alegría. No forma parte de su ideario el encubrimiento y aniquilación de las pasiones humanas de toda naturaleza, por más recónditas e innombrables que sean ellas. Es la lucha de los hombres y mujeres que procuran la ayuda de exús y pombagiras para la realización de sus deseos más íntimos. Pombagira representa sin duda una importante valoración de la intimidad de cada uno, pues para Pombagira no existe deseo ilegítimo, ni aspiración inalcanzable, ni fantasía reprobable.



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sábado, 1 de agosto de 2009

LA NACIÓN - Cultura - 5-11-07
por Silvina Premat
Cultos populares: un fenómeno en expansión
Los santos paganos, con más altares en la ciudad
Crecen los sitios de devoción en Palermo, Chacarita y Once
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La gente venera a la intemperie al Gauchito Gil, en Corrientes y Concepción Arenal
Foto: Miguel Zuanich
María Fernández y su novio Roger Short, de 23 y 24 años, confían sus anhelos al Gauchito Gil. Al caer la tarde van a la avenida Corrientes y Concepción Arenal, en Chacarita.
Allí hay un "altar" al gaucho correntino, con las infaltables banderas rojas alrededor de un viejo árbol, dos pequeñas ermitas con imágenes y ofrendas, y unos bancos, donde LA NACION dialogó con los jóvenes.
Habían llegado en coche. En silencio habían rezado y encendido una vela cada uno. Enfrente, otros fieles habían encendido velas y dejado botellas de agua a la Difunta Correa.
Chacarita, Palermo Soho y Once son algunas zonas que ofrecen rincones donde se veneran a "santos" canonizados por la gente y no necesariamente por la Iglesia. Entre ellos están los cantantes Gilda y Rodrigo, los sanadores Pancho Sierra y la Madre María, y personajes legendarios, como San La Muerte y la Telesita. También se encuentran personas valoradas por la Iglesia, como el mapuche Ceferino Namuncurá, que será beatificado el domingo en Río Negro, o el cura Brochero, cuya obra aún perdura en Córdoba.
Libros y cuadros
La devoción por estas figuras ya no es exclusiva de los más humildes y excluidos de la sociedad. Tampoco está restringida a las fronteras de los lugares donde se originaron. Ahora se ocupan de ellas las editoriales comerciales, los medios de comunicación y los artistas plásticos. Además, ganan terreno en las santerías y fiestas religiosas.
Desde hace pocos días, las librerías tienen en venta el libro Cuerpos resplandecientes (Sudamericana), en el que María Rosa Lojo propone un acercamiento desde la imaginación literaria a diez de estos santos populares. Sus historias son, para esa escritora e investigadora del Conicet, "una faceta de la construcción del imaginario nacional" y están estrechamente vinculadas con la historia y la identidad del pueblo. Al buscar información sobre ellas, Lojo comprobó que "la dimensión religiosa convive con el pensamiento científico, es parte esencial de nuestra relación afectiva con el mundo y nutre de sentido a nuestra vida".
Otro de los ámbitos que se dejó permear por los santos populares es el artístico. Cuadros e instalaciones sobre estas figuras integran las muestras de arteBa desde hace cinco años.
Entre ellos, el artista Daniel Barreto llegó a los santos populares, movido por la curiosidad ante las ofrendas que dejan los fieles en los "altarcitos" (vino, cigarrillos, golosinas) y por el estilo kitsch de esas expresiones religiosas. Ahora es, a su manera, un devoto.
"Mis ofrendas son mis cuadros", explicó Barreto a LA NACION y contó que con su colega Juan Batalla y el fotógrafo argentino Guillermo Srodek Hart, residente en EE.UU., prepara un libro sobre el Gauchito Gil. Batalla y Barreto ya tienen publicados dos textos con fotografías y obras sobre San La Muerte y territorios sagrados.
Sergio Gravier es otro de los artistas seducidos por el Gauchito. Hace unos años hizo una instalación en Palermo Soho, en la que representó un "altar". Fue tan fiel, que los devotos del barrio le creyeron y en poco tiempo ya nadie se acordaba de que había nacido con fines artísticos y no religiosos. Esa "paradita" del Gauchito, con objetos agregados por la gente, se mantiene al borde de las vías, en Honduras al 5300, frente a la cual más de un transeúnte se persigna.
Símbolos de fuerza
Según el diccionario folklórico de Félix Coluccio son más de 60 los personajes de origen argentino a los que se les atribuyen poderes desde el más allá.
Para el sociólogo y antropólogo Alejandro Frigerio, especializado en religiones, la legitimación de esos santos paganos es impulsada por la cobertura de los grandes medios de las fiestas patronales y por una mayor libertad religiosa desde el retorno de la democracia. Las figuras que más se han difundido en la última década son, para el intelectual, las que representan fuerza y protección, como el Gauchito Gil y San La Muerte, y algunos santos católicos, como San Expedito o San Jorge, y usos populares de advocaciones a la Virgen, como la Desatanudos.
"Este es un fenómeno mundial: hay una desregulación de los símbolos religiosos que dejan de pertenecer a las instituciones que los generan", dijo el investigador, y explicó que ahora "participan cada vez más de estas devociones gente de clase media".
Sectores medios como al que pertenece Roger, que empezó a creer en el Gauchito provocado por la fe de su novia. "Tuve muchas dudas porque en la parroquia me enseñaron que no hay que adorar a falsas imágenes", contó Roger. Y tiene razón. El Catecismo de la Iglesia dice que "el honor tributado a las imágenes es una veneración respetuosa y no una adoración, que sólo corresponde a Dios".
El padre Contardo Miglioranza, escritor de numerosas historias de santos "oficiales", explicó que "la Iglesia como tal no entra en las devociones populares"; destacó que los santos "oficiales" llegaron a tales por "intentar de imitar a Jesús" y los canonizados por la gente pueden ser "intercesores válidos, porque todo cristiano muerto en gracia puede interceder por los demás", pero no "modelo de virtudes".
Por Silvina Premat
De la Redacción de LA NACION
PERSONAJES

Difunta Correa. Se llamaba María Antonia Deolinda Correa. La devoción surgió en San Juan.

Gauchito Gil. Su nombre era Antonio Mamerto Gil Núñez. Vivió en Corrientes y fue acusado de desertor (1847-1874).

Gilda. La cantante bailantera se llamaba Miriam Alejandra Bianchi y murió en un accidente en 1996.

San La Muerte. Considerado protector de los que llevan vidas violentas, se trata de un culto originario del Litoral.